¿Te cuesta recibir amor, dinero y favores?

Cuando era pequeña me habían enseñado a ser generosa, a saludar antes de que me saludaran, a prestar mis juguetes y ser compartida, a ayudar ósea a ser “buena niña. ”

Sin embargo, no se le ha dado la misma consideración al acto que es justamente el complementario de dar y el recibir. Y este olvido es curioso porque siempre que alguien da, hay otra persona que recibe.

Pensando en términos de equilibrio, lo propio sería que todas las personas demos y recibamos a partes iguales, con completa naturalidad. Pero esto no siempre ocurre y se crean dos situaciones enormemente dañinas.

Da y tendrás en abundancia. (Lao-Tsê)

Por un lado, la de aquellas personas que sólo buscan recibir de los demás, a veces de manera insaciable, pero son incapaces de dar, ofrecer, ser generosas (lo que se viene siendo el egoísmo de toda la vida) o incluso de agradecer. 

Este post no está destinado a ese tipo de personas para las que nunca es suficiente y todo sacrificio se les hace poco, porque en su caso minusvaloran continuamente lo que reciben de los demás.

También el lado contrario en la parte de dar y dar y no querer recibir es una situación preocupante por que son personas que no se sienten merecedoras.

 Quiero que nos centremos en esta segunda problemática: la de quienes no se abren a, o les cuesta mucho, recibir las bendiciones de la vida, los halagos, los favores, el dinero o el amor.

Estas personas se sienten súper incómodas al recibir un halago o no reconoce que hayan hecho algo bien aunque se lo digan. También les resulta difícil pedir ayuda ya que creen que ellos solo pueden ayudar o posiblemente también piensen que le van a tener que ofrecer algo a cambio.

Ahora si quieres salir de esta situación vamos a trabajar en esto ya que yo aún lo sigo trabajando. 

Lo primero es trabajar la autoestima: ¿te crees realmente merecedor de lo que sea?

Empecemos hablando de autoestima, que tiene mucho que ver en esta dinámica de dar-recibir. Un componente esencial de la misma es creernos sincera y profundamente merecedores de afecto y consideración. Para la persona con una autoestima saludable sería natural esperar recibir de los demás ayuda, halagos, beneficios o favores, de la misma manera que sería natural hacer cosas positivas por los demás.

Si habitualmente te cuesta recibir mira a ver si hay una creencias profunda y arraigada en ti que dice no me lo merezco, puede que me merezca, pero sólo hasta cierto punto o no me lo merezco a no ser que haga algo más por mi.

El cambiar pensamientos es trabajo duro pero vale la pena ya que toda tu vida dará un giro positivo. Naces mereciendo todo por que eres afortunado de tener vida, después nos llenan de creencias donde aun no somos conscientes de elegir si eso que dice tu familia es real hasta que llegas a la adolescencia y empiezas a buscar tu identidad, a tener distintas dudas y al ser adulto empiezas a enfocarte qué es lo que realmente quieres, aún existen dudas te empiezas a sentir triste y no sabes que hacer. Ahora en lugar de pensar que no te mereces algo que no deja de ser un pensamiento abstracto y vago, piensa más bien que te lo has ganado. Entonces no tiene sentido pensar que no lo mereces, ¡si has luchado por ello, has puesto el corazón, es un deseo bueno para ti y para los demás!

Revisa tu autoestima para ver dónde está ese nudo que te dice que no eres completamente digno/a de los éxitos, por que si hablamos éxitos toda tu vida lo has sido exitosa, el estar aquí leyendo esto quiere decir que has pasado todos los obstáculos como la escuela,  fracasos, relaciones donde existen aprendizajes, has sobrevivido a todo lo que se te ha presentado 

Pensemos un momento en qué significa la palabra recibir… Para mí, tiene que ver con ACEPTAR plenamente algo que otra persona ha elegido darme libremente.

Recibir, por tanto, no debería implicar la acumulación de una deuda (como esta típica madre sufridora que reclama lo que le corresponde con frases como: ay, con todo lo que he hecho por ti y así me lo agradeces…) o ser producto de la manipulación (cuando hemos convencido sutilmente a otro de que nos ayude, aunque no le apetecía). Ambos casos generan odio y resentimiento tanto en el que da como en el que recibe.

Por ello, la segunda cosa para analizar si te cuesta recibir, después de la falta de merecimiento, es si durante tu vida has ido incorporando estos patrones de intercambio negativos.

Si siempre te han dado de manera CONDICIONAL, si cuando recibías algo no era desde la libertad y el gozo, sino desde la sensación de culpa o sabiendo que tenías que hacer algo de vuelta, es lógico que tengas cierta aversión al hecho de recibir. Porque siempre has sabido que ese tipo de intercambio no era sincero y escondía manipulación.

Por eso mi sugerencia es que dediques un tiempo a analizar cómo han sido las dinámicas de dar y recibir durante tu infancia y tu juventud. Revisa si habitualmente tus padres o personas muy queridas te manipulaban a través de actos o palabras que parecían generosos, pero que en el fondo buscaban que te comportaras de cierta manera.

La acción de dar siempre debe de ser generosa. Y si no lo es, llamémosle de otra manera: contrato, transacción, exigencia, norma, negociación, como sea, pero no dar. El dar debe ser desprendido y sin expectativas.

Otro tema es que elijamos romper una relación porque sentimos que siempre damos nosotros, de forma unidireccional, y esto también es perfecto. Porque no dar también es una opción, y muy válida además. Podemos aportar, ofrecer, entregar hasta cierto punto y luego, si sentimos que nunca nos viene nada de vuelta, con toda libertad nos marchamos y decimos no, se acabó, no quiero dar más y está todo bien.

En resumen: aprender a recibir implica, también, aprender a dar de manera más limpia y sincera.

Atreverse a recibir no sólo implica revisar nuestra autoestima y los patrones en el dar-recibir sino que, a nivel práctico, consiste en cambiar esa sensación de incomodidad o malestar cuando alguien nos da algo por la gratitud. Aceptar ese regalo, sin más, sin pensar en qué vas a hacer a cambio y simplemente agradecerlo.

Ve trabajando poco a poco la manera de comunicarte con los demás y, en vez de rechazar o sentir tensión, empieza a agradecer lo que te ofrecen generosamente y considéralo una pista de que estás haciendo las cosas bien.

Atrevernos a pedir

Pedir ayuda es todo un arte. Hay que hacerlo sin miedo, con seguridad, con la convicción de que merecemos esa ayuda, pero siempre desde un sitio de no manipulación entendiendo que el otro puede negarse a lo que le pedimos.

Saber pedir ayuda es fundamental porque, lo queramos o no, siempre vamos a necesitar directa o indirectamente de los demás ya que la independencia absoluta NO EXISTE.

Del mismo modo, cuando das algo desinteresadamente a una persona, a veces no es esta la que te corresponde o no en ese mismo momento, pero curiosamente luego te llega ayuda o un regalo de vuelta por otro lado.

En definitiva:

Cuando des a alguien, no esperes que sea recíproco. Y cuando recibas de alguien, tampoco. Eso sí: de alguna manera la vida te irá poniendo en el camino a personas que te ofrecerán ayuda o consejos en el momento adecuado 

Recuerda que el dar es recibir pero de eso la vida se encarga tarde o temprano.

Resumen y conclusión

Nadie se está beneficiando de tu miedo o rechazo a recibir.

Así es. Cuando rechazas palabras, favores, dinero, halagos o cualquier cosa que te ofrecen los demás de manera sincera, no hay ningún beneficiado.

La persona que te otorga ese regalo se puede sentir (con toda razón) ofendida de que no lo recojas, y a ti tampoco te sirve de nada cerrarte a la abundancia y las bendiciones de la vida.

Ahora cuéntame 

¿Tienes miedo al recibir? 

¿Cómo te sientes cuando recibes?

¿Por que crees que no mereces recibir?

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